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19 febrero 2007

El referéndum andaluz

A la vista de los resultados de participación del referéndum celebrado ayer en Andalucía, me reafirmo en lo expresado el otro día en mi artículo “La importancia de la abstención”. De nuevo ayer ha triunfado la abstención por un abrumador 63,72% de andaluces que no se han molestado en ir a votar para manifestar su apoyo a un nuevo disparate nacionalista. A esa cifra habría que añadir que, del total de votos emitidos, el 9,48% se ha decantado por el “No” y el 3,07% lo ha hecho en blanco. Una vez más los ciudadanos han mostrado su disconformidad con políticos cada vez más preocupados por apuntalar realidades nacionales carentes de cualquier legitimidad histórica, en lugar de centrarse en tratar de solucionar los problemas reales que acucian a los ciudadanos.
Aunque esto a los políticos no les vale para nada, ya que vuelvo a reiterar que ellos sólo piensan en la gente que vota. O si no, cómo se explica que el presidente Chaves, alias “el minolles de Ceuta”, declare que la convocatoria electoral ha sido un “éxito” y que la decisión de abordar la reforma fue “acertada” y que, por supuesto, la “volvería a adoptar”. Es evidente que si analizamos los resultados, el referéndum ha culminado con una gran victoria ya que han apoyado el Estatuto el 87,45% de los votantes. No obstante, y como muy bien dice Libertad Digital," siete de cada diez andaluces no respaldan el Estatuto", debido a las patéticas cifras de participación.
En mi opinión, estos resultados hay que interpretarlos como un gran varapalo al proyecto soberanista surgido a imagen y semejanza del "Estatuto de Independencia Catalán". Un proyecto que ha sido secundado por el PP, en su afán de parecer lo que no son. El “minolles” se sacó de la chistera un proyecto que absorbía tantas competencias de la administración central que le otorgaba poderes muy similares a los que ostentaban los señores feudales de la Edad Media. Podría decirse que el Presidente de la Junta de Andalucía se erigía de ese modo en señor soberano de sus territorios con derecho de vida y muerte sobre cualquiera de sus súbditos. Lo raro es que no se llegase a plantear algún artículo que concediese al "Virrey de Andalucía" el derecho de pernada. Y no podemos olvidar que todo ello secundado por un Javier Arenas que es el gran causante de que Chaves lleve gobernando en Andalucía desde 1990. Aunque, como buen político que debe golpear siempre en los puntos débiles del contrincante, enseguida se ha desmarcado pidiendo a los “impulsores de la reforma una reflexión profunda”. Pronto se olvida él y la "dura negociadora" del estatuto Soraya Sáenz de Santamaría de que fueron los que aprobaron el anteproyecto y pidieron el “Sí” en el referéndum.
Otras reacciones con las que he disfrutado a lo grande han sido las de ZP, que ha felicitado al "Virrey Vitalicio de Andalucía" y ha destacado “el civismo y la normalidad democrática” con que se ha desarrollado la jornada electoral. Si en lugar de haber un 36,28% de participación, hubiese habido un 10% o un 12%, aún habría habido más civismo y normalidad democrática. Y si sólo hubiesen acudido a votar los afiliados al PSOE, más civismo todavía.
He dejado para el final, la clase magistral de matemáticas que nos ha dado Pepiño Blanco afirmando que nueve de cada diez andaluces han votado a favor del Estatuto. Yo le recomendaría que el año que viene deje sus estudios de Derecho en la UNED y se matricule en Ciencias Exactas o Estadística, porque está claro que es lo suyo. Hagan sus cuentas y traten de rebatir este contundente argumento digno de un rapador de crines de caballo o de un pastor de cabras borracho de orujo. Si han votado a favor del Estatuto 1.899.860 de andaluces de un total, según datos oficiales, de 6.045.285 de personas con derecho a voto, son tres (3,14) y no nueve de cada diez andaluces los que han apoyado este dislate.